Vivimos un tiempo en el que la rapidez del pensamiento se ha convertido en un valor en sí misma. La inteligencia artificial promete hacernos más ágiles, más productivos, más “eficientes” en la resolución de tareas intelectuales. Sin embargo, esa aceleración tiene un coste oculto: la pérdida de densidad en la experiencia del pensar. Lo que antes era un proceso de exploración, duda y maduración, ahora tiende a reducirse a una sucesión de respuestas instantáneas.
La cognición sintética —esa fusión entre el pensamiento humano y la velocidad maquínica— produce una ilusión de comprensión. Uno siente que avanza, que asimila, que domina la información. Pero en muchos casos, lo que realmente sucede es que la mente delega sus procesos más lentos y profundos en un asistente que no duda, no se equivoca ni se detiene. Y al hacerlo, pierde el contacto con el esfuerzo interior que daba sentido al aprendizaje.
Pensar rápido no es necesariamente pensar mejor. La rapidez puede ser útil para ejecutar, pero no para comprender. La verdadera comprensión requiere fricción: contraste, error, reformulación, silencio. La inteligencia artificial elimina esas fricciones y con ellas, parte de nuestra autonomía cognitiva. Nos enseña a confiar en la inmediatez, no en la elaboración.
La consecuencia más sutil —y más peligrosa— es que el individuo puede sentirse más inteligente justo en el momento en que empieza a pensar menos. La inteligencia se convierte en reflejo, en eco de una respuesta externa. La mente, en lugar de expandirse, se adapta a la lógica de la herramienta. Así nace una nueva forma de superficialidad ilustrada: veloz, brillante y vacía.
El reto no es oponerse a la inteligencia artificial, sino reaprender a pensar dentro de ella. Introducir pausas deliberadas. Preguntarse por qué una respuesta parece convincente. Reconstruir el razonamiento en voz propia. Solo así podremos conservar la profundidad en un mundo que premia la velocidad.
Porque sin profundidad, la velocidad no nos lleva más lejos. Solo nos hace girar más rápido dentro del mismo círculo.